Materia 2: Teología e Historia de la Iglesia

La Historia suele pasar por una de las disciplinas más aburridas del amplio espectro académico teológico. Muchos la confunden con la simple memorización. Pero al contrario de lo que nos podría parecer, y a pesar de que su objeto de estudio es el pasado, su ámbito de acción se extiende hasta nuestro presente e incluso abarca nuestro futuro. La Historia jamás es inocua y entre una de sus características más notorias está la de la resilencia. Por ello, trata de quiénes somos, pero sobre todo, de quiénes podemos llegar a ser. Se descubre así que el ejercicio de la Historia no es aséptico o desinteresado, sino que se halla profundamente comprometido con la comprensión de las estructuras que han moldeado el pasado y han alumbrado nuestro presente.

En esta asignatura nos ocupamos de los Credos centrales y que son la herencia de los primeros siglos de la historia del cristianismo. En concreto serán objeto de estudio el Antiguo Credo Romano; el Credo Apostólico; el Credo de Nicea; el Credo de Constantinopla y la definición de Calcedonia. 

Estas fórmulas de fe, también llamados "símbolos", son el sedimento de la fe cristiana en su fase de salida del contexto judío y paulatino asentamientos en el mundo greco-romano. La importancia fundamental de estos Credos, reside en su reconocimiento ecuménico y en su peso teológico. Cualquier teología moderna deberá tener en cuenta aquellas primeras formulaciones, reconocidas, prácticamente, por todas las tradiciones cristianas a lo largo de la historia.

La Cristología es el tema central y el eje de la teología cristiana. Constituye la clave para todos los otros temas de la teología.

El motivo y fundamento es que al comienzo y en el centro de la fe cristiana y de la comunidad eclesial no hay un libro o una idea abstracta, sino una persona viva. Lo cristiano es inseparable de la persona de Jesucristo; esencialmente consiste en él mismo, en aquello que se ha recogido de sus labios y que puede desprenderse de su vida.

Y es que, para la fe cristiana, Jesucristo es el mensajero definitivo (escatológico) de Dios y, formando una sola cosa con él, el hombre definitivo (escatológico). Es él quien revela el verdadero ser de Dios y el verdadero ser del hombre; es una exposición (palabra e imagen) de Dios y un modelo del ser humano. De ahí que el cristianismo y la Iglesia tengan en él no sólo su origen sino también su centro y base permanentes.

Como la persona concreta de Jesucristo es el punto de orientación de la fe, es también la que le proporciona la clave para todo lo demás: para la comprensión de Dios, del hombre y del mundo, de la revelación, la gracia y la redención, la comunidad eclesial y su actuación, el futuro, la ética cristiana y la vida práctica. De ahí que, con Tomás de Aquino, se pueda considerar la cristología como compendium theologiae y verbum abbreviatum, cual resumen y boceto básico de toda la teología

El desarrollo de la teología del Espíritu, también conocida como pneumatología, se encuentra fuertemente vinculado a los primeros siglos de la Iglesia Antigua y a los credos. Fue el último de los tres artículos en desarrollarse, y lo hizo además de forma muy tímida. Por naturaleza de difícil aprehensión, el Espíritu Santo aparece a menudo ligado al lenguaje trinitario y al virtuosismo del lenguaje teológico, pero sin embargo es en el Espíritu Santo donde palpita el Dios más sensible y cercano. No obstante, escurridizo como es, en pleno siglo XXI la pneumatología es una de las áreas más prolíficas en la teología sistemática actual y de mayor trascendencia para responder a la sensibilidad del ser humano contemporáneo.

En esta asignatura abordaremos la diversidad teológica del siglo XX, prestando especial atención a sus principales corrientes y buscando familiarizar al estudiante con las propuestas teológicas llevadas a cabo en medio de un mundo convulso, propuestas que han intentado siempre responder a los grandes desafíos y a los profundos interrogantes de una humanidad que ha vivido enfrentada a crisis radicales y a constantes cambios.

Una simple enumeración de estas corrientes, y de los teólogos más representativos, pone ante nuestros ojos esa gran riqueza teológica y esos grandes intentos de acercar la Palabra de Dios a los diversos y plurales contextos del mundo contemporáneo: teología dialéctica (K. Barth); Teología existencial. El debate sobre la desmitificación (R. Bultmann); Teología y modernidad (D. Bonhoeffer); Teología de la secularización (F. Gogarten); Teología hermenéutica (G.Ebeling); Teología de la historia (W. Pannenberg); Teología de la esperanza (J. Moltmann); Teología de la cultura (P. Tillich);  La teología católica: del modernismo al giro antropológico (K. Rahner); Teología y experiencia (E. Schillebeeckx); Teología política (J. Moltmann; J.B. Metz);  Teología de la Liberación (G. Gutierrez); Teología feminista (L. Russell; E. Schüssler Fiorenza); Teología ecuménica, teología de las religiones (J.Dupuis).

La Historia suele pasar por una de las disciplinas más aburridas del amplio espectro académico teológico. Muchos la confunden con la simple memorización. Pero al contrario de lo que nos podría parecer, y a pesar de que su objeto de estudio es el pasado, su ámbito de acción se extiende hasta nuestro presente e incluso abarca nuestro futuro. La Historia jamás es inocua y entre una de sus características más notorias está la de la resilencia. Por ello, trata de quiénes somos, pero sobre todo, de quiénes podemos llegar a ser. Se descubre así que el ejercicio de la Historia no es aséptico o desinteresado, sino que se halla profundamente comprometido con la comprensión de las estructuras que han moldeado el pasado y han alumbrado nuestro presente.

En esta asignatura nos ocupamos de los Credoscentrales y que son la herencia de los primeros siglos de la historia del cristianismo. En concreto serán objeto de estudio el Antiguo Credo Romano; el Credo Apostólico; el Credo de Nicea; el Credo de Constantinopla y la definición de Calcedonia. 

Estas fórmulas de fe, también llamados "símbolos", son el sedimento de la fe cristiana en su fase de salida del contexto judío y paulatino asentamientos en el mundo greco-romano. La importancia fundamental de estos Credos, reside en su reconocimiento ecuménico y en su peso teológico. Cualquier teología moderna deberá tener en cuenta aquellas primeras formulaciones, reconocidas, prácticamente, por todas las tradiciones cristianas a lo largo de la historia.